CHILE.
LA PERSONA HUMANA ¿FIN O MEDIO?
LAS
DERECHAS TRADICIONAL Y SOCIALDEMÓCRATA
El
28 de mayo de 1980, Manuel DE RIVACOBA expuso, en la entonces
denominada Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales, del
Instituto de Chile, Configuración y desfiguración de la pena,
discurso de ingreso a aquélla como miembro correspondiente.
Trabajo
breve y preciso, su contenido rebasa la esfera penal, resultando útil
como parámetro valorativo de la política de quienes controlan
aparatos del Estado, y como visor para conocer sus propósitos
solapados.
Su
idea esencial resalta la dignidad personal, y su concepción del ser
humano como fin en sí, nunca como medio.
Planteamientos
que mantienen urgencia, ya que lejos se está en Chile de la
concreción de principios que, reconocidos por la Declaración
Universal de Derechos Humanos y otros instrumentos normativos,
deberían cruzar el Derecho no sólo como norma sino como conducta
diaria de los aparatos del Estado.
Principios
tales como el respeto de la persona.
Se
constata un sistema jurídicopenal, procesal y penitenciario
clasista, de trato grotescamente diverso, con desajustes axiológicos
notables entre incriminaciones tanto dentro de la legislación penal,
como entre aquellas y las valoraciones sociales, y sus respectivas
puniciones; que no considera o pune ínfimamente conductas gravemente
lesivas propias del gran empresariado; que mantiene insuficiente
tutela penal para la vida y la integridad personal mientras extiende
el campo punitivo hacia acciones de disenso políticosocial y acentúa
la entidad del castigo por actividades contra derechos patrimoniales.
Acogiendo
la influencia de entidades privadas solventadas y orientadas por
grandes fortunas involucradas en los más graves atropellos a
derechos esenciales; alentando tendencias penales de acentuado signo
reaccionario, en que, a la vez de ocultar los condicionamientos
económicosociales generados por ellos mismos, la persona no pasa de
constituir objeto o elemento de la voluntad de otros. Y proyectando
tal formación a jueces y fiscales.
Procesalmente,
el Mensaje con el cual el Ejecutivo de la época presentó el
proyecto de Código procesal penal, confiesa su dependencia de la
política económica, y, por tanto, su nexo respecto de sus
beneficiarios.
Añádase
la desfiguración del Derecho del Trabajo y la conducta de sus
operadores, que, soslayando principios que son razón de existir de
esta rama, mediante acción legislativa no publicitada, e induciendo
su interpretación, rebajan a la persona trabajadora a medio o
instrumento para implementar una política económica que favorece a
su contraparte contractual.
Y
la estrategia estatal que invoca combatir la extrema pobreza, pero
mediante la configuración conductual de gente modesta a través de
planes de trato directo, cuyo contenido –bajo apariencia altruista-
implica acentuar sumisión cultural y conductual y, por tanto,
obediencia política.
Y
en la regulación y financiamiento de la educación pública, no sólo
la superior.
Todo
en función de un régimen económico que continúa situando a Chile
entre los más desiguales del mundo.
Es
paradójico: quienes durante dos decenios han impulsado y concretado
tales planes, sus diseñadores y operadores, no radican en sectores
tradicionalmente vistos como conservadores, sino en la
socialdemocracia. Aparentando color progresista, manipulan
emotividades históricas -generadas por los crímenes de la
dictadura-, para mantener su base electoral; pero, a la vez,
afianzan, con su conducta funcionaria, intelectual, profesional y
política, los pilares del neoconservadurismo.
El
actual gobierno no ha tenido más que administrar lo
ya instalado.
De
allí que la denominada derecha política hoy pueda
darse el lujo de reñir públicamente entre ella misma. Y es que el
sector cuyos intereses antes representaba de modo exclusivo –las
grandes fortunas y los grupos transnacionales- está tranquilo y
confiado. Sus privilegios y su régimen económico –que le permite
abundante lucro con el trabajo ajeno- están a salvo también con la
otra coalición, la socialdemócrata. Más aun al constatar al grupo
que diseña al futuro gobierno de esta última. Según confesión de
los máximos líderes mercantiles, con ellos han estado mejor
que nunca.
Aplicables
son palabras rivacobianas: regímenes que “disimulan y aseguran
la continuidad de las situaciones de predominio existentes”.
A
propósito de imposturas y acomodos partidarios, la posición de
Manuel fue clara, comunicándola en su trato privado, epistolar y
público. Apreciando el comportamiento vital de Jiménez de Asúa,
señaló que éste “nunca aceptó que el partido en que
desenvolvió toda su vida política, el Partido Socialista Obrero
Español (P.S.O.E.),[…] perdiera de su nombre el
calificativo de Obrero, para convertirse en un Partido,
Socialdemócrata que sirviera de apaño o tapadera a cualquier
capitalismo…”.
Tiempos
que urgen el hacer presente conceptos bicentenarios. KANT les
delineó, especialmente en su Fundamentación a la metafísica de
las costumbres: ”Mas el hombre no es una cosa; no es, pues,
algo que pueda usarse como simple medio; debe ser considerado, en
todas las acciones, como fin en sí”, idea medular que se
repite en todo el texto (Capítulo 2, Tránsito de la Filosofía
Moral Popular a la Metafísica de las Costumbres).
RIVACOBA
lo reafirmó toda su vida y en toda su obra: “el Derecho ha de
garantir que todos reconozcan y acaten en sus tratos con los demás
su calidad de sujetos de fines, es decir, de seres humanos, y que
nadie considere a otros como un simple objeto y lo tome por medio o
instrumento, del que quepa servirse como si fuese una cosa, pudiendo
sólo cada uno disponer de sí en la realización y para el logro de
sus aspiraciones”.
Acceder
a Configuración y desfiguración de la pena…